viernes, 30 de diciembre de 2011

Un cuentecito por navidad

Hoy me he dado cuenta de que es el penúltimo día del año, que por cierto se ha pasado volando. Y como no podría ser de otra manera quiero haceros un regalito por navidad. 
Se trata de un cuento que escribí en una actividad en el curso de Monitor Sociocultural que por fin he acabado, así que en especial se lo dedico a todo el grupo que forman estos compañeros con los que he compartido un montón de expereriencias y he reído (y llorado) hasta la saciedad en éstos últimos tres meses. Va por vosotr@s!
Y para todos los que me seguís, espero sacaros una sonrisa y tocaros un poquito el corazón.
Felices fiestas a todos y tened una buena entrada y salida de año. 


El espejo del corazón

Pepe es moreno y normalmente un rizo cae sobre su frente dándole un toque pícaro que contrarresta con la inocencia de su cara. En sus ojos marrones siempre hay un destello de alegría y denotan la ilusión que él siente con cada cosa que descubre en el transcurrir de sus días.
Desde que conoció a Bea pasa con ella todo el tiempo posible. En su nuevo cole están aprendiendo a sumar colores y cuando terminan las clases vuelven a casa dando un paseo por el parque, recogiendo hojas secas en otoño, jugando con las desnudas ramas en invierno, saltando sobre los charcos en primavera y haciendo preciosos ramos para sus madres. En verano, cuando ambos se van de vacaciones, el seco y amarillento parque echa de menos sus risas, sus voces, su alegría, sus canciones.
Ángela, la profe, les ha enseñado hace poco a cantar y bailar la canción de “Soy una taza, una tetera, una cuchara y un cucharón, un plato llano, un plato hondo, un cuchillito y un tenedor” y juntos aprenden y desaprenden la coreografía ya que cuando no se equivoca uno, lo hace el otro y sino los dos muertos de la risa.
El mismo día que comenzó el curso era el vigésimo quinto cumpleaños de Bea, y Pepe, que estaba deseando verla, la regaló un espejo para que ella pudiera ver lo bonita que era, con sus pequeños pero vivaces ojos negros, con su nariz chata con su largo pelo liso y castaño y con esas horquillitas de flores tan bonitas que denotan lo alegre que ella es.
Y claro, ahora que se acerca Noche Buena Pepe está un poco nervioso porque se le han acabado las ideas para hacerle un buen regalo a Bea, y más aún porque ella le ha dicho que tiene una sorpresa enorme para él. Así que no para de buscar ideas, pero o no son suficientes para ella o son muy caras, y claro con su paga de diez euros a la semana a él no le da para mucho.
Por eso, finalmente se ha decidido a pedir consejo a Ángela, quien le ha sugerido que la escriba una poesía en la que exprese lo que siente por ella. La idea le ha gustado y se ha puesto a escribir unas cien veces, pero en lugar de palabras sólo le vienen imágenes a su cabeza, como Bea riéndose, Bea cantando, Bea cogíendole de la mano, Bea, Bea… y el beso que él desea que algún día Bea le dé, y cada vez que piensa en eso se blanca piel se pone roja como un tomate y se descubre a sí mismo riéndose igual que cuando se tiró por el tobogán de agua de cien metros de largo.
¡Bingo! Ya lo tiene. Le dará a Bea una invitación para que vaya con él éste verano a su casa de la playa, así, podrán ir un día a Port Aventura y Bea también podrá montarse en el tobogán de agua… y no se le hará tan largo el verano sin ella.

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Por fin es Navidad, el último día de cole hasta la vuelta de vacaciones… Bea y Pepe no saben si sentirse tristes porque van a estar dos semanas separados, o contentos porque saben que al otro seguro que le gusta el regalo que le van a hacer.
Pepe le entrega una caja enorme a Bea, que muy ilusionada la abre… quita los papeles arrugados que hay en su interior…. Otra caja y más papeles… otra más…. En esta hay hojas secas… otra más… un sobre rojo… por fin… lo abre y con un poco de dificultad poco a poco consigue articular las palabras y leer lo que pone:
Bea,
quiero estar siempre a tu lado,
y por eso este verano,
te invito a tomar un helado,
y a pasear de la mano,
a tirarnos por el tobogán,
a montar en la montaña rusa,
a disfrutar en la piscina de burbujas
y a saltar en la playa artificial.

Bea le dedica una enorme sonrisa y le da un abrazo muy fuerte. Está muy contenta y no para de bailotear por la clase, tirando todos los papeles que había en la caja una y otra vez, como si fuera nieve, sobre el resto de los amiguitos, hasta que acaban jugando todos juntos, llenando el último día de curso con sus gritos de júbilo y su alegría.
De vuelta a casa, pasan por el parque, y es allí donde Bea le da su regalo a Pepe. Primero busca el lugar más adecuado, su rincón secreto, un recoveco al lado del árbol grande desde el cual se puede contemplar el lago helado.
Y allí mismo Bea le da el mejor y más maravilloso regalo del mundo, único entre todos… le da, con timidez, el primer beso de ambos y le entrega su corazón, pero no en el sentido metafórico: le da a Pepe un corazón de cristal que cuando él lo coge puede ver a Bea, si esta está mirando en el espejo del alma que Pepe le regaló anteriormente. 

Verónica González Sánchez 

martes, 6 de diciembre de 2011

¿Por qué es tan difícil dejar de fumar?

He intentando dejar de fumar sin éxito varias veces. Normalmente no paso de los tres meses y ello me genera una frustración enorme, pero lo peor es la situación actual, en la que no paso del primer día y no consigo bajar del medio paquete. 

Para autoconcienciarme, y ya de paso si le sirve a alguien me alegraré muchísimo, he realizado este montaje. 

Para mí tiene mucho mérito porque es la primera vez que monto un vídeo (las primeras nociones del Windows Movie Maker me las dio Gero) y ha sido toda una experiencia el hacerlo todo yo solita, las fotos, la idea, la estructura, la elección de la música (que por cierto es de un grupo andaluz llamado "De todo un poco" que conocí hace la tira de años y que no he vuelto a saber de ellos, así que espero que no me pidan derechos de autor... jejejejej).


 PD: Si conocéis a alguien que quiera comprarme el spot estaré encantada de vendérselo ;)


Y bueno amigos, os voy a decir que hoy 31 de mayo de 2013, llevo 11 semanas sin fumar y esta vez espero que sea la definitiva.

Desde aqui os animo a tod@s a que lo intenteis, a que busqueis vuestros trucos y elijáis vuestro momento (creo que ese es el verdadero y fundamental punto para conseguirlo) y que con ello recupereis los 5 sentidos y dejéis de perder dinero, salud y tiempo.

También quiero dar las gracias a los que me han apoyado (y siguen haciéndolo) estos meses, con mi irascibilidad a flor de piel, mis ganas de morir por no poder fumar y mis ganas de matar cuando fumaban los demás... a todos ellos, y en especial a mi marido, gracias, gracias y mil gracias por vuestra paciencia  ¡Se os quiere!

lunes, 5 de diciembre de 2011

Y tú... cómo serás de mayor?

Con éste título nos dió la entrada Ignacio, uno de los profesores del curso de Monitro Sociocultural que estoy haciendo, para un trabajo que consistía en escribir un relato en el que nos visualizáramos de mayores.

Como me ha gustado el resultado os lo enseño, que así también podeís conocerme un poquito mejor. Espero que os guste y disfruteís de la lectura ;)

A pesar de éste frío invernal que resiente mis viejos huesos, hoy me he levantado  con la cara, llena de arrugas que denotan el paso del tiempo, iluminada por el sol que se filtra por la ventana.

En esta vieja casona de campo la vida se ve diferente, me siento satisfecha con la decisión tomada hace ya casi veinte años (y parece que fue ayer) de venirnos aquí, de alejarnos de la siempre ajetreada ciudad…. Pues al huir del bullicio volvimos a escuchar nuestros pasos en cada paseo; al dejar de ir siempre cargados de bolsas, pudimos volver a cogernos las manos; al no tener publicidad y escaparates por doquier, volvimos a mirarnos a los ojos…

Y mientras el mundo se desbarata, nosotros (mi marido, mis hijos y mis nietos) construimos en cada efímero segundo un hogar lleno de paz, de amor, de calidez humana, de sonrisas y alegrías que hacen que los primeros años llenos de sacrificio, de concienciación, de aprender cómo autoabastecernos, de cómo no necesitar más que la compañía de aquellos a quienes amamos, y nos dan  la vida, más que lo que la tierra, nuestra granja y nuestro adorado Mediterráneo nos proporcionan… sean recordados con una leve sonrisa de complicidad.

Hemos aprendido cómo fabricar nuestras propias ropas, nuestras propias herramientas, nuestros muebles, los pigmentos para seguir pintando… pero eso no ha sido lo difícil, lo complicado fue desaprender todo lo que la sociedad nos impuso como necesario, e inculcar a los nuestros los valores que ahora toman orgullosamente como propios.

Y a estas alturas de la vida, a las puertas de éste, mi último paso definitivo, me replanteo si habré hecho lo suficiente, si habré dado suficiente amor.

Quisiera que me recordaran no por mis obras, sino por los sentimientos que conseguí despertar en los que las contemplaron.

Y quiero que mi familia no sufra tras mi muerte, pues me voy contenta, sintiéndome plena por todo el cariño que siempre me han dado, sabiendo que siempre he hecho lo imposible por todos y cada uno de ellos, y que aún seguiré dándoles mientras tenga los  pies en este mundo. 
 
Por eso hoy, voy a cocinar para todos con más alegría aún si cabe, y después empezaré un nuevo cuadro, acabaré ese viejo libro y cuando el sol caiga, me arroparé con una manta y cogeré a mi marido de la mano, mientras recostados en el sofá vemos una comedia que alegre nuestras almas.

Verónica González Sánchez

Montando a caballo

Hoy me he dado cuenta de que el contacto con la naturaleza renueva nuestras energías, y si además es en buena compañía, gratifica el alma.


Por eso y porque queríamos hacer algo diferente este acueducto, ayer nos fuimos con unos amigos a Daroca a montar a caballo, y creo que después de la experiencia repetiremos con gusto.


Porque claro, en la primera clase lo que te enseñan es a subirte al caballo, a dirigirlo mediante presiones y a que te respete.


Y el paseo se hace al paso, que al trote y al galope, aunque nos den ganas, hasta que no tengamos del todo cogido el truco es un poco peligroso.
 

Ah! a mi el monitor (Luis) también me enseñó que no hay que premiar al caballo dejándole que coma un poco, que con esto sólo se le crean malos hábitos...
 

Y aunque en Águila Roja parezca súper fácil bajarse del caballo, hasta que no lo haces por primera vez como que da un poco de respeto...


Eso si, el poder acariciar las crines, el sentir su respiración, el darles un terrón de azúcar con la mano (en nuestro caso fueron mandarinas), el ver su reacción y sentir que mides más de dos metros... todo esto no tiene precio (para todo lo demás Mastercard).

Si algun@ estais interesad@s en tener esta experiencia, no dudeis en pedirme la dirección y el teléfono de Luis, que en mi opinión fué un monitor estupendo y con él pasamos una mañana muy agradable y entretenida.